Estas imágenes pertenecen al Calendario Vogue París 2010.




A estas alturas de la película no vamos a ir de puritanas porque cosas más raras se ven en la playa todos los veranos y las fotos son de lo más artísticas y elegantes pero, sinceramente, cuál es la probabilidad de que una lectora de esta revista cuelgue este calendario en la pared de la cocina o, mejor, en la de su despacho?
Además de ser un producto que parece más dirigido a alegrar la vista a mi media naranja, no sé si me apetece que me entre una depresión por ver a estas mujeres de cuerpos imponentes todos los días del año, mientras me tomo el zumo antes de ir a trabajar.
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