martes, 10 de agosto de 2010

LOS BONNIE & CLYDE DE LA FLORA

Me dan muchísima envidia las personas que tienen buena mano para las plantas.


Yo soy una auténtica nulidad: planta que cae en mis manos, planta que pasa a dormir el sueño de los justos en un periodo de tiempo más o menos breve.



No creáis que soy una exagerada. Una vez, unos ciudadanos, como muestra de agradecimiento por haberles ayudado en unas gestiones con el Ayuntamiento, me regalaron una saintpaulia (qué majos... normalmente suelen querer regalarnos un par de sopapos)


Por mucho que me esmeré en cuidarla a las pocas semanas estaba medio muerta. Ante tan dramática situación (para la planta, se entiende), mis padres decidieron tomar cartas en el asunto:



se la llevaron a su casa y, milagrosamente, revivió! Y ahí sigue la tía, vivita y coleando, toda esplendorosa, después de 5 años.


A pesar de mis antecedentes florales, hace un par de años no pude resistir la tentación de comprar un bonsái para nuestra casa.


Cuando la media naranja llegó a casa se lo enseñé, encantada de la vida: sería el tercer ser vivo en nuestro hogar.

No sé muy bien la razón exacta pero en cuanto lo vió, le declaró la guerra! Lo rebautizo con el nombre de arbustito



y le dirigió las siguientes nada halagüeñas palabras:

Media naranja: vas a morir!



Desde aquel mismo momento, boicoteó todos los mimosos cuidados que yo le procuraba al bueno de arbustito. Sus ataques iban desde decirle auténticas perrerías (seguramente, el pobre arbolito estaba aterrorizado)


hasta dejarlo enfrente de las ventanas abiertas de par en par (a propósito),


a sabiendas de que las corrientes de aire son fatales para los bonsáis.

De esta manera, el pobre arbustito se apochó y, pese a que intenté protegerlo de este salvaje y revivirlo desesperadamente, finalmente se secó.


Si existiese una policía de las plantas nos tendría que haber detenido y metido en la cárcel pero, como no la hay (que se sepa...) la media naranja y yo, que somos los Bonnie & Clyde de la flora


hemos quedado libres como pájaros.

Independientemente de las malas artes de la media naranja, es verdad que yo sola soy muy capaz de cargarme a cualquier clase de planta. Creo que las mato porque son sensibles a las vibraciones que emitimos las personas



y yo vibro en una frecuencia de onda que las deja en estado de shock!

Afortunadamente, esto no me pasa con las personas (ya me gustaría saber freir selectivamente, ji, ji)


Menos mal que aún me queda un poco de alma y para evitar asesinar a otras desdichadas plantas que puedan cruzarse en mi camino


he tomado la firme determinación de no traer más vegetales no comestibles a casa.

Con todo el dolor de mi corazón...

Y vosotros, qué? Os dáis maña con las plantas o podemos fundar un club de asesinos involuntarios de toda clase de ejemplares del mundo vegetal?

lunes, 9 de agosto de 2010

TODOS TENEMOS UN PASADO METEPATAS

Todos tenemos un pasado metepatas (algunos hasta un presente y, posiblemente, un futuro...) y el que niega esta premisa universal, miente!



Como hay que predicar con el ejemplo, la primera que reconoce su pasado metepatil soy yo y, para muestra, un botón.

Me acuerdo de un día en el que volvía del instituto con dos amigas (N.Mt. era una de ellas) después de un examen de latín.


Creo que lo de viajeras lo llevamos en los genes porque hasta para ir al instituto éramos más especiales que nadie: en lugar de ir al más cercano a nuestro barrio, íbamos a uno que estaba en otro municipio. Al grano: para volver a casa teníamos que coger el tren.


Ahí estábamos: tres adolescentes de 16 años, sentadas unas enfrente de las otras, comentando un examen de evaluación de latín cuando, en la siguiente estación, entra un hombre joven y se sienta en el único asiento libre entre nosotras.



Al principio no le prestamos ninguna atención: bastante teníamos con discutir si en el texto en latín ponía que el cíclope se había intentado comer al pastor o había sido al revés.


Pero, al de un rato, acabada ya la discusión y aburridas de no tener nada más que hacer, nos empezamos a fijar en aquel pobre hombre que, en buena hora se sentó a nuestro lado... si había algo imposible de pasar por alto al mirarle eran sus orejas: las tenía tan separadas de la cabeza que llamaban la atención.




Era algo tan exagerado que, aunque sabíamos que era de mala educación, N. Mt. y yo no podíamos evitar seguir mirando sus orejas... discretamente, eso sí. Nuetra otra amiga, en cambio, seguía preocupadísima con las desventuras del dichoso cíclope y no se estaba enterando de nada.


Por razones obvias no podíamos decirle, de viva voz, algo como: tía, deja de pensar en el examen y mira qué orejas de soplillo tiene este pobre señor así que, haciendo uso de esa telepatía que parece que N.Mt. y yo tenemos en algunos momentos, buscamos una manera mucho más ingeniosa de comunicarnos con ella.

Abrimos el diccionario


y buscamos la palabra latina que significa oreja: auricula. 

Ya sólo hacía falta enseñársela a nuestra amiga... pero nuestro plan, contra todo pronóstico, salió fatal:

Metepatas 1 y 2: a propósito del examen... qué te ha parecido la parte en la que salía esta palabra? (señalando con el dedo a la palabra "auricula" pero sin decirla en voz alta)
Metepatas 3: qué palabra?... auricula... auricula... AURICULA??? OREJA???? Esa palabra no ha aparecido en el texto ni una sola vez! Oreja? A ver, tengo la hoja aquí mismo... dónde véis vosotras que ponga "auricula"?



Aúpa ahí, hija mía. Metiendo la pata hasta el zancarrón! Con lo fácil que era haberla pillado al vuelo... N.Mt. y yo no sabíamos dónde meternos.

El pobre hombre de las orejas de soplillo no dijo ni una sola palabra pero si las miradas matasen nosotras ya seríamos pasto de los gusanos hace mucho tiempo.



Afortunadamente, llegamos a nuestra parada y pudimos escapar de la mirada asesina de aquel chico al que, seguramente, le dimos el cuarto de hora.

La verdad es que, hoy en día, me avergüenzo de nuestro comportamiento y me pregunto cómo es posible que aquel hombre mantuviese la calma y no nos rompiese la cara por reirnos de sus orejas.


Me imagino que pensó que no merecía la pena darle tanta importancia a las bobadas de tres adolescentes insustanciales.


En parte es lógico ser un metepatas cuando se es tan joven: aún es difícil medir los riesgos de lo que se hace y se dice, y el daño que pueden hacer a los demás.



Menos mal que, con el tiempo y una caña, me he enmendado... sigo siendo un poco metepatas pero mis despropósitos de ahora producen más risas que otra cosa, ji, ji.


Qué os parece? Me merezco la redención o tengo que seguir penando por el incidente con el hombre de las orejas? Os acordáis de algún momento metepatas que os haya hecho desear que os trague la tierra?

viernes, 6 de agosto de 2010

QUÉ DISCOVERY CHANNEL VE ESTE TÍO?

Ya os he hablado varias veces de pequeña luciérnaga y os he contado alguna de sus fechorías.



El bueno de pequeña luciérnaga lo tiene todo... entre sus muchas virtudes (por favor, léase remarcando bien el tono irónico) está lo que nosotras, las compañeras de trabajo, no sabemos si calificar como: 1) Está más salido que un balcón


o 2) Intenta ir de moderno y liberal (pero, obviamente, no lo consigue...)

El caso es que tiene un incomprensible interés en hacer alusiones sexuales en momentos que no vienen al caso (resumiendo: esos momentos son el 100% del tiempo que pasa con nosotras), haciéndonos pasar un bochorno que hace que nos cambie hasta el color de la cara...


Para muestra, un botón... tres compañeras compartimos despacho y es común que se pase por allí a preguntar sobre el estado de tramitación de algunos expedientes (no sé para qué porque, independientemente de las explicaciones que se le den, lo entiende todo mal y al revés...)

Uno de estos días en los que estaba dándonos la matraca desde primera hora de la mañana, sin ton ni son, empezó a explicarnos que había visto un reportaje muy interesante en Discovery Channel.


Y a mí qué me importa lo que hagas en tu tiempo libre?

Ya nos estábamos esperando una disertación interminable sobre las costumbres del ornitorrinco


cuando nos sorprende con las siguientes declaraciones:

Pequeña luciérnaga: ... y en el reportaje se veía cómo las mujeres de la tribu se metían arena por ahí abajo para así, durante el acto sexual, darles más placer a los hombres. Supongo que será para que rasque.

Esto no puede estar sucediendo... seguro que aún estoy dormida.

CaféOlé y compis: silencio, silencio, silencio (con caras de estar viendo un OVNI)
Pequeña luciérnaga: (no contento con habernos dejado medio en coma por las costumbres sexuales de no sé qué tribu) tampoco es tan raro, verdad? Es como las chinas: a los tíos les gustan más porque lo tienen más corto y estrecho y eso les vuelve locos. Je, je, bueno, eso es lo que se comenta; yo no lo sé de primera mano, claro.


No me hizo falta saber leer los posos del café para deducir que, en aquel mismo momento, nuestras tres mentes de licenciadas en derecho


estaban pensando lo mismo: podrá la conducta de este impresentable tipificarse dentro del delito de acoso sexual en el trabajo?



Y mientras estábamos dilucidando la respuesta a ese dilema,



dió media vuelta y salió alegremente de nuestro despacho diciéndonos desde la puerta:

Pequeña luciérnaga: ay, chicas, hay que ver más Discovery Channel!

Pero qué Discovery Channel ve este colega? La versión triple X?




Y otra cosa: no debería este tío cortarse un poco



con el tono de los comentarios, teniendo en cuenta que somos sus subordinadas y que no tenemos una relación de íntima amistad con él (más bien todo lo contrario)?

La verdad es que, después de ese día, hemos comentado muchas veces el monólogo de pequeña luciérnaga entre nosotras tres y, teniendo en cuenta esa conversación y su irrefrenable tendencia a mirar el canalillo a todas las mujeres de la oficina (sin discriminaciones, eso sí: nos lo mira a todas, aunque llevemos jersey de cuello vuelto) 




siempre hemos llegado a la misma conclusión: además de no ser muy listo, este tío es repugnante!



Puaj!


Os parece que somos unas exageradas y que cualquier entorno es adecuado para hablar de todo tipo de cuestiones? O, creéis que hay conversaciones y comportamientos que son inapropiadas en el trabajo, sobre todo entre jefe y subordinado?

jueves, 5 de agosto de 2010

CON CAMISONES... Y A LO LOCO!

Cuántos de vosotros os extrañariáis si vieséis en cualquier lugar público, a plena luz del día, a una mujer vestida con un camisón? (para aclararnos: descartando Carnaval o fiestas de disfraces varias)




A ver que cuente esas manos... seguro que muchos la habéis levantado (aunque sea, de manera virtual)



Qué equivocados estáis, queridos míos... no os lo creéis? Entonces os cuento el resultado de mi experimento.


El viaje de vuelta de nuestro mini-break vacacional fue de pesadilla: entre que no nos quedó más remedio que volar desde Fuerteventura vía Barcelona y contando esperas en aeropuertos, retrasos varios y demás contratiempos,


tardamos casi 12 horas en hacer un viaje en el que, con un vuelo directo Fuerteventura-Bilbao, apenas se tardan 3. Ahí es nada!

Sí, a 4 patas: así es como llegamos a casa.

No hay un refrán que dice que mujer precavida, vale por dos? Ésa soy yo! Cómo soportar esa venganza de viaje si, además, las costuras de los jeans se te clavan de llevarlos puestos tantas horas y la camiseta te da calor?



Ufff, ni hablar! Yo no estoy hecha para sufrir... así que me vestí con un camisón y a vivir, que son dos días!


La verdad es que en Women´s Secret lo vendían como vestido pero no nos engañemos: esto es un camisón de verano, de toda la vida.

Que no cunda el pánico: no dormí con él y, después de la última noche en el hotel, me lo dejé puesto hasta llegar a mi casa (que seguro que alguno lo ha pensado...) Qué asco!


En un principio, me lo compré para utilizarlo como camisón pero luego, en casa, lo miré mejor y me pareció tan bonito que me dió pena usarlo para dormir así que decidí darle un mejor uso!

Estuve horas en la T1 de Barcelona, paseándome arriba y abajo con mi camisón y no ví pasajeros que me mirasen con cara rara, haciendo corrillos para cuchichear y señalarme con el dedo. De hecho, ni una sola persona giró la cabeza para echarme un segundo vistazo (jo, bien pensado... qué triste, no?)

Eso que lleva esa chica es un camisón???

Así que, mientras la media naranja llegó a casa deseando tirar por la ventana sus vaqueros, yo aterricé en La Paloma más fresca que una flor del caribe.


También es verdad que éste es un camisón bastante discreto. Otro gallo me hubiera cantado si hubiese tenido el valor de brincar como una cabra loca por los pasillos del aeropuerto con un modelito como este otro:

Esto sí que hubiese causado sensación, ji, ji, ji.

Total, que entre mi Casio piscinero


Me importa un bledo que sea más fashion el Casio dorado! Éste pita a las hora en punto.

y mi camisón-vestido, hago lo que puedo por marcar tendencia aunque, de momento, no esté dando muchos frutos... pero si esta mujer se casó con John-John Kennedy metida dentro de un camisón de raso



y medio mundo le alabó el gusto, ya veréis cuando la industria de la moda y el marketing me descubra a mí! Ya me estoy mentalizando para ser la nueva gurú de lo fashion-fashion.

Tiembla, Tavi Gevinson! Tienes los días contados, ji, ji.

Tenéis vosotros alguna prenda a la que le déis un mejor uso? Teniendo en cuenta el conflicto que se prevé con los controladores aéreos, convendría que generalizásemos el uso de camisones y pijamas en las salas de embarque de nuestros aeropuertos?