Exfoliar es eliminar de la piel las células muertas.
No hay más que escribir esta palabra en algún buscador para que aparezcan ante nuestros ojos mil y una páginas que ilustran al personal sobre las bondades de exfoliar la piel del cuerpo al menos una vez por semana y muestran los diferentes productos para tal fin: los ya preparados y comercializados por las marcas cosméticas y los que podemos hacer en casa, en plan MacGyver.
Éste se las apañaba para construir un submarino con un clip y un chicle. Menuda fiera, el tío!
Me sé la teoría de memoria y reconozco que cada domingo me hago el firme propósito de convertir, durante un par de horas, el cuarto de baño en un spa privado en el que chapotear, exfoliar, hidratar y relajar hasta la levitación mi maltrecho cuerpo...
Del mismo modo, no hay un solo domingo en el que no prefiera renunciar a una piel suave y al momento relajación-velitas para estar pensando en el mar y las olas que, por cierto, no será tan delicioso pero da mucho menos trabajo.
En resumidas cuentas, aunque tengo una piel bastante agradecida es indudable que voy camino de esto:
Si tengo la suerte de llegar a la edad de esta señora tan simpática llevaré la tiara de manera permanente: genio y figura!
Sin embargo, puedo asegurar que al menos una vez en mi vida me hice una exfoliación a conciencia. Sucedió así...
Hace unos cuantos años mi amiga A.M. se casó con su novio de toda la vida. Aunque lo celebraron de una manera muy íntima y familiar, las más cercanas no nos quisimos perder un momento tan especial así que estuvimos presentes en la ceremonia civil (y, más tarde, nos invitaron a café y tarta! Ñam, ñam)
Una cosa es que no te inviten a una boda y otra muy distinta ir a ver cómo se casa una amiga hecha unos auténticos zorros,
Hija, Kylie, qué miedo das en esta foto.
así que eché mano del socorrido elegante pero informal. En el último momento me dió por pensar que estaba un poco blanca así que, a pesar de que es lo más cercano al anticristo para mí, no dudé en aplicarme autobronceador, a diestro y siniestro. Y ahí que me fui a la boda de mi amiga, morena como un conguito; eso sí, de bote!
El drama llegó un par de días más tarde, cuando el autobronceador ya había empezado a oxidarse. Estaba tomando un café con una compañera de trabajo cuando, sin previo aviso, me acuchilló con estas palabras:
Descarada: (a 50.000 decibelios) pero... qué es eso que tienes en los brazos? Y en las piernas???? Qué son esos ronchones???
CaféOlé: supongo que te refieres a los restos del autobronceador. Soy un poco desastre para estas cosas y me lo dí un poco a mi aire. La verdad es que el sábado tenía mejor pinta...
Descarada: autobronceador???? Tía, ya te lo puedes ir quitando porque estás FATAL!!!!! Se ve muchísimo. Vamos, que se nota a la legua. No sé cómo has podido salir de casa así. Bla, bla, bla.
Así de bien es como les queda a las mañosas. A mí me quedo... un poco peor.
Al principio no le dí la menor importancia porque la tía ésta es bastante exagerada pero se puso tan sumamente pesada que para cuando terminó la jornada laboral estaba histérica! Sólo existía un objetivo en mi vida: quitarme los restos de autobronceador oxidado, a como diese lugar!
Llegué a mi casa al borde de un ataque de nervios, sin saber cómo demonios me iba a deshacer del color naranjito a ronchas porque, aunque ahora tengo los armarios llenos de productos que nunca uso, ese día la crema exfoliante brillaba por su ausencia... bien podría haberme fabricado un exfoliante casero
He oido que se puede hacer uno muy bueno con miel y sal.
pero ya se me estaba haciendo largo y no quería perder más tiempo. Rápido, rápido, piensa... y entonces se me ocurrió! Busqué debajo del fregadero: allí estaba, aún dentro del plástico y sin estrenar: un ESTROPAJO!
La parte verde sirve para quitar la suciedad más incrustada así que era imposible que no pudiese sacarme esas células muertas teñidas de autobronceador.
Hay algo que en mis tiempos se decía hasta la saciedad: para estar bella hay que sufrir. Por eso, ni corta ni perezosa, me exfolié todo el cuerpo con jabón, un estropajo nuevecito y bien de saña!!!
Aún no entiendo cómo además de las células muertas no me llevé también las vivas pero cuando recobré mi color original estaba tan blanca y suave como una bolita de algodón.
Cuando lo pienso ahora, a toro pasado, me parece una barbaridad: en qué cabeza cabe frotarse el cuerpo con un estropajo como método de exfoliación? Creo que si me hubiera parado dos segundos a reflexionar me hubiese dado cuenta de que era una idea descabellada!
Lo que pasa es que no le dí ni media vuelta... empecé a discurrir después de haberme sacado la piel a tiras, ji, ji, ji.
Qué decís vosotros? Habéis hecho alguna locura parecida en un momento de atolondramiento? Se os suelen ocurrir ideas peregrinas como ésta o sóis de los que siempre conserváis la calma?






















































